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miércoles, 11 de abril de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

Cuando seas de mi

Cuando seas de mí
y pueda yo vencer
esta timidez
de no poder llenar
tu vientre de algodón,
tu boca de cereal,
el grito del placer
de nuestra languidez.

Cuando seas de mí
y tenga oscuridad
para poder hundir
mi lágrima en el ser
que no quiere nacer
y lo siento llorar
en el rincón extraño
de nuestra desnudez.

Vivirás
mi cisne de cartón,
sobre el mar
sobre el fuego
mi niñez y la herida de tu voz.
Vivirás
mi cisne de color,
en el lago de mi tiempo criminal
con tu pico entre mi voz.

Cuando seas de mí
y crezca la vejez
te acunaré en el sol
amándote los pies
haré que muera todo
y vuelvas a crecer
y con licor de auroras
te limpiaré la piel.

No muere quien se va
ni nace el que no vio
cuando seas de mi
molino de un trigal
seré el ciego que va
a descansar su sed
sobre la puerta abierta
de un lecho sin tender.

Vivirás
mi cisne de cartón
y la danza de los pájaros
que hice
girarán sobre tu voz.
Vivirás
mi cisne de color
y la noche tenderá su lana negra
con mi última canción.

martes, 6 de septiembre de 2011

El cisne negro


Con mi caballo a veces
nos vamos lejos
por los cerros azules,
por los esteros...

Mi caballo es la estampa
de un cisne negro;
con los cascos, apenas
si toca el suelo...

Yo soy apenas triste,
y apenas cierto...
Con mis coplas apenas
si toco el cielo.

Me gusta el trote largo,
duro y parejo,
que repica en las ricas
copas del freno...

Me gusta el galopito
bien comadrero
que hace brillar de antojos
los ojos negros...

Me gustan las muchachas
de junto al viento,
con resabios de luna,
miel, y silencio...

Cuando al pasar los ranchos
les tiro un beso,
parece que lo buscan
mirando al suelo...

Y mirando se quedan
cuando me alejo
por los cerros azules,
por los esteros...

Mis pilchas son de plata,
yo... soy de tiempo.

Mi caballo es la estampa
de un cisne negro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Los Captaros

Altos e invisibles sobre la laguna,
y atardando un vuelo, como el sueño, blando,
los cisnes negros cuellos van cruzando
por el blanco abismo del claro de luna.

Y "¡cáptaro, cáptaro!", grita el delantero,
y "¡cáptaro, cáptaro!", responde la banda,
al hallar el charco que buscando anda,
borrado de luna todo derrotero.

Que así, en extraviados delirios azules,
cuando la alta luna congrega su tropa,
confunden con Ledas las piezas de ropa,
o en las azoteas se estrellan, gandules.

Piérdense un instante detrás del barranco
mas, pronto, su giro veloz no vacila,
y sobre la plata del agua tranquila
caen en un leve relámpago blanco.

La luna, embriagándolos con su albo destello,
creó su sedosa blancura de perla,
y un poco de noche les quedó al beberla
en la prominente redoma del cuello.

No mancha la inmensa claridad un tizne,
y la luna, extática sobre los paisages,
sueña como un ángel cándidos celages
en que desparrama su pluma de cisne.<