Helos aquí: San Kevin y el mirlo. De rodillas, los brazos en cruz, el santo Está dentro de su celda, pero la celda es tan angosta,
Que una palma volteada sale por la ventana, Rígida como una viga transversal, cuando un mirlo Llega a posarse: pone sus huevos y se dispone a anidar.
Kevin siente los tibios huevos, el pequeño pecho, La cabeza y garras acurrucadas, se sabe parte De la gran cadena de la vida eterna,
Y eso lo mueve a piedad: ahora habrá de mantener la mano Como una rama a merced del sol y de la lluvia semanas enteras, Hasta que los polluelos rompan el cascarón, echen plumas y vuelen.
*
Y ya que todo esto es algo imaginado, Imagina que eres Kevin. ¿Cómo estará? ¿En olvido de sí o en agonía todo el tiempo,
Desde el cuello hasta los adoloridos antebrazos? ¿Se le habrán dormido los dedos? ¿Sentirá aún las rodillas? ¿O acaso la mirada en blanco del subsuelo
Habrá trepado a través suyo? ¿Existirá la distancia en su cabeza? Solo y reflejado claramente en el río profundo del amor, "Trabajar, sin pretender ninguna recompensa", reza,
Una oración elevada por su cuerpo enteramente, Pues él ha olvidado el ser, ha olvidado al ave Y, en la ribera, el nombre del río ha olvidado.
— Versión de Pura López Colomé ------------------------------------------------------------------ Pd: ¡Gracias Patricia "Pata" Morante por el aporte!
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".
1 comentario:
Publicar un comentario