martes, 20 de octubre de 2009

Las aves nos saben (foto: Lito Ferrer)


Van las aves
sumergidas en el aire
volándonos a lo lejos.
Tan densos. Y riesgosos.
Tan de aquí mismo y atenidos
a los goces primarios
que sólo engendran la melancolía.
Y nos saben astutos
pero necios
capaces de agostar la distancia
antes de usufructuar el vuelo.
Quizás nos tengan lástima y por eso
regalándose a nuestros ojos ávidos
algo nos permiten de su aire.

jueves, 15 de octubre de 2009


Quiero esa fe de los pájaros
cuando se arrojan al aire.

Sembrando sentires


Canto V


- El ave canta y agrada
porque no se escucha
a sí misma.


- ¿Cómo sabes
que no se escucha
a sí misma?


- ... ¡Porque agrada!

Canto de chingolo


Pobre chingolito,
-vidalitay-
lo tomé del suelo,
no podía volar
-vidalitay-
porque estaba enfermo.

Con mi mano grande
-vidalitay-
con mi mano ruda,
le hice una caricia
-vidalitay-
por sobre las plumas.

No teniendo jaula
-vidalitay-
en donde ponerlo,
lo eché en la guitarra
-vidalitay-
y se quedó quietito.

Bitibío-bío
-vidalitay-
a la media noche,
bitibío-bío
-vidalitay-
lo oímos cantar.

Pero al otro día
-vidalitay-
lo encontramos muerto,
pobre chingolito
-vidalitay-
ay! vidalitay.

Y hoy mi guitarra
-vidalitay-
tiene nueva voz;
la del chingolito
-vidalitay-
que en ella murió.