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jueves, 2 de agosto de 2012

Halcón en reposo


Me poso en lo alto del bosque con los ojos cerrados.
Inacción. No hay fantasías engañosas
entre mi cabeza ganchuda y mis patas ganchudas.
O bien, dormido, ensayo muertes perfectas y como.

¡Qué prácticos son los árboles altos!
La levedad del aire y el rayo del sol
son ventajas para mí.
Y la Tierra me muestra su rostro para que lo lo inspeccione.

Mis patas se cierran sobre la áspera corteza.
Hizo falta toda la Creación
para producir mis patas y cada una de mis plumas:
ahora agarro la Creación con mis patas.

O me elevo y hago girar todo despacio.
Mato donde quiero porque todo es mío.
No hay sofisma en mi cuerpo:
mis modales consisten en arrancar cabezas, son el subsidio de la muerte.
Porque la única ruta de mi vuelo pasa directamente
a través de los huesos de los vivos.
No hay argumentos que legitimen mi derecho:

el sol va detrás de mí.
Nada ha cambiado desde que empecé.
Mi ojo no ha permitido ningún cambio.
Y voy a hacer que todo siga así.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El halcón


Una sombra fugaz gira en el claro
y como si en su grito descorriera
un sonoro cerrojo, campo afuera
la avizora gallina busca amparo.

Vibra él, alto en los aires. El sol lustra
su atigrado plumaje cuando vira.
Punza, bravío, su ojo de oro. Y su ira
en un lamento lúgubre se frustra.