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jueves, 19 de julio de 2012

Golondrinas (Tango)



Golondrinas de un solo verano
con ansias constantes de cielos lejanos.
Alma criolla, errante y viajera,
querer detenerla es una quimera...
Golondrinas con fiebre en las alas
peregrinas borrachas de emoción...
Siempre sueña con otros caminos
la brújula loca de tu corazón...

Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
la golondrina un día
su vuelo detendrá;
no habrá nube en sus ojos
de vagas lejanías
y en tus brazos amantes
su nido construirá.
Su anhelo de distancias
se aquietará en tu boca
con la dulce fragancia
de tu viejo querer...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
con las alas plegadas
también yo he de volver.

En tus rutas que cruzan los mares
florece una estela azul de cantares
y al conjuro de nuevos paisajes
suena intensamente tu claro cordaje.
Con tu dulce sembrar de armonías
Tierras lejanas te vieron pasar;
otras lunas siguieron tus huellas,
tu solo destino es siempre volar.

martes, 17 de julio de 2012

La golondrina



Tú eres feliz -dijo el Ruiseñor a la Golondrina-. Se conoce en tu parloteo vivaz, en tus movimientos sueltos, en tu habilí­simo patinaje aéreo que raya ahora las nubes más altas para descender luego fugazmente con una maravillosa rúbrica a rasar las aguas del lago en curvas armoniosas. ¡Qué vivaracha eres y qué graciosa, muchacha!

-¿Es lo mismo estar alegre que ser feliz? -dijo ella.

-No sé -dijo él-. Pero tú eres feliz.

-¿Y cómo no he de serlo si soy sencilla, soy artista y soy amada? A mí­ me basta para casa un rancho mitad paja y mitad barro; no le pido mucho a la vida. Yo soy artista y alabo a Dios por la belleza de las cosas. Y procuro ser buena; soy inofensiva y no hago mal a nadie.

-Yo también soy artista -dijo el Ruiseñor-; y sin embargo mi garganta rompe muchas veces en sollozos agudí­simos.

-Es que tú produces para el público, cantas para ser oí­do por los hombres y los pájaros y tu mujer y tus hijos. Yo canto para mí­, y cuando siento la belleza del cielo vespertino o el encanto del amanecer desahogo mi admiración por las cosas de Dios en gorjeos, sin preocuparme de poner mis internas armónicas en solfas inteligibles. Y así­ nunca he progresado en la técnica y mis chirridos alegres son tan iguales y tan monótonos como el canto de mi vecino el Grillo violinista o la Chicharra guitarrera.

-Yo -dijo el Ruiseñor- intento comunicar a todos mis hermanos de la creación el sentimiento del fulgor del rostro divino que percibo en las cosas. Eso me causa a veces dolores como de parto, pero también gozos muy subidos. Tus alegrí­as son egoí­stas. No hay felicidad fuera del amor, y el amor es comunicación. Se me figura que yo ocupo un lugar más alto que tú en la escala de los seres, alegre muchacha volandera.

-Me tiene muy sin cuidado -contestó la Golondrina a quien ya quemaba las patas el alero en que se habí­a asentado por cinco minutos-. ¡A volar! Adiós, genio.

¿Y qué moraleja sacaremos de todo esto?, pregunto yo, Dios mío, no lo sé. Pero esto fue lo que se dijeron el Ruiseñor y la Golondrina.

jueves, 16 de junio de 2011

La golondrina

(Fotos: Alec Earnshaw)
En la trama ligera
de un girón de neblina,
su primer golondrina
trae la primavera.

Detrás de ella abre el cielo
serenísimo tul,
y en su intrépido vuelo
colúmpiase el azul.

Y los vértigos salva,
tendida al infinito,
y aclárase en su grito
la perla azul del alba.

Cristales de luz quiebra
su presuroso afán,
o prolonga una hebra
de sol, en largo hilván.

O con sutil donaire
su veleta dibuja
en la sublime aguja
del castillo del aire.

O sobre el turbio estero
pasa echando la red,
o estrellado tintero
semeja en la pared.

O parece que llama
solícita al enjambre,
poniendo en un alambre
su alado telegrama.

Pero, no bien se posa,
cuando parte, gentil,
en un ensueño rosa
de tarde pastoril.

Un esplendor sonoro
bajo ella se desliza,
mientras la tarde riza
sus corderitos de oro.

Su V, su T, su H,
pinta en un arrebol,
y engarza su azabache
con su aro ardiente el sol.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Las golondrinas



¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la claridad?
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
la inmensidad, la inmensidad.

Veleros de la tormenta se van las nubes,
y en surcos de luz dorada se pone el sol
y como sílabas negras, las golondrinas
dicen adiós, dicen adiós.

Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar,
cruzando el mar.

Un cielo de barriletes tiene la tarde,
y el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
también se va, también se va.

Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.


Letra: Jaime Dávalos
Música: Eduardo Falú

jueves, 22 de octubre de 2009