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viernes, 31 de octubre de 2014



Un pájaro
alza vuelo a ras de la playa,

un pájaro o un mundo
                 abriéndose

                                 de par en par;

                                         como está abierta
                                          la vida
                                          cuando vemos
                                                          que está mostrando,
                                                                       cuando la miramos
                                                                                        sin buscar un porqué.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Vuelo supremo


Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera
entre fugaces lampos ambarinos
y oponer a los raudos torbellinos
el ala fuerte y la mirada fiera.

Huir de todo lo que sea humano;
embriagarme de azul...Ser soberano
de dos inmensidades: mar y cielo,

y cuando sienta el corazón cansado
morir sobre un peñón abandonado
con las alas abiertas para el vuelo.

jueves, 13 de agosto de 2009

Tarea escolar


Dos y dos cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis…
¡Repetid! dice el maestro
Dos y dos cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis.
Pero hete aquí que el pájaro lira
Pasa por el cielo
El niño lo ve
El niño lo oye
El niño lo llama:
¡Sálvame
Juega conmigo
Pajarillo!
Entonces el pájaro desciende
Y juega con el niño
Dos y dos cuatro
¡Repetid! dice el maestro
Y el niño juega
El pájaro juega con el
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis
¿Y dieciséis y dieciséis, cuanto es?
Dieciséis y dieciséis no son nada
Y mucho menos
De ninguna manera
Treinta y dos
Y sigue la ronda.
El niño ha escondido al pájaro
En su pupitre
Y todos los niños
Escuchan su canto
Y todos los niños
Escuchan su música
Y ocho y ocho desfilan a su vez
Y cuatro y cuatro y dos y dos
Desfilan a su vez
Y uno y uno a la una a las dos
Uno y uno desfilan también.
Y el pájaro lira juega
Y el niño canta
Y el profesor grita:
¡Cuando terminareis de hacer el payaso!
Pero los demás niños
Escuchan música
Y las paredes de la clase
Se desploman tranquilamente.
Y los vidrios vuelven a ser arena
La tinta vuelve a ser agua
Los pupitres vuelven a ser árboles
La tiza vuelve a ser acantilado
Y el portaplumas vuelve a ser pájaro.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Pájaro Maravilloso


Inaugurado en 1912 con la primera versión de la Maiastra, el tema de los pájaros es aún más revelador. Brancusi partió, en efecto, de un célebre motivo folklórico rumano para terminar a través de un largo proceso de “interiorización” en un tema ejemplar, a la vez arcaico y universal. La Maiastra, o más exactamente Pasarea maiastra (literalmente, “pájaro maravilloso”), es un pájaro fabuloso de los cuentos populares rumanos que asiste al Príncipe Azul (Fat- Frumos) en sus combates y pruebas. En otro ciclo narrativo, la Maiastra consigue robar las tres manzanas de otro que un manzano milagroso producía cada año. Sólo un hijo de rey puede herirla o capturarla. En algunas variantes, una vez herido o capturado, el “pájaro maravilloso” resulta ser un hada. Se diría que Brancusi quizo sugerir este misterio de la doble naturaleza al subrayar en las primeras variantes (1912-1917) la feminidad de la Maiastra.
Pero muy pronto su interés se concentró en el misterio del vuelo. Ionel Jianu recoge estas declaraciones de Brancusi: “He querido que la Maiastra alce la cabeza sin expresar con ese movimiento soberbia, orgullo o desafío. Ese fue el problema más difícil y sólo después de un largo esfuerzo llegue a integrar ese movimiento en el curso del vuelo”. La Maiastra, que en el folclore es casi invulnerable (sólo el Príncipe consigue herirla) se convierte en el pájaro en el espacio; dicho de otro modo, es el “vuelo mágico” lo que se trata de expresar ahora en la piedra. La primera versión de la Maiastra como pájaro en el espacio data de 1919 y la última de 1940. Finalmente, como escribe Jianu, Brancusi logró “transformar el material amorfo en una elipse de superficies translúcidas, de una pureza deslumbrante, que irradia la luz y encarna por su irresistible impulso la esencia del vuelo”.

El vuelo mágico


Brancusi decía: “Durante todo una vida no he buscado más que la esencia del vuelo…El vuelo, ¡que felicidad!”. No necesitaba leer libros para saber que el vuelo es un equivalente de la felicidad puesto que simboliza la ascensión, la trascendencia, la superación de la condición humana. El vuelo proclama que la gravedad ha sido olvidada, que se ha efectuado una mutación ontológica en el ser humano. Universalmente extendidos son los mitos, cuentos y leyendas relativos a los héroes o a los magos que circulan libremente entre la tierra y el cielo. Todo un conjunto de símbolos en relación con la vida espiritual y, sobre todo, con las experiencias extáticas y con los poderes de la inteligencia es solidario con las imágenes del pájaro, las alas y el vuelo. El simbolismo del vuelo traduce una ruptura efectuada en el universo de la experiencia cotidiana. La doble intención de esta ruptura es evidente: es a un tiempo la trascendencia y la libertad que se obtiene con el “vuelo”.
En los planos diferentes pero solidarios del sueño, de la imaginación activa, de la creación mitológica y folklórica, de los ritos, de la especulación metafísica y de la experiencia extática, el simbolismo de la ascensión siempre significa la explosión de una situación “petrificada”, “taponada”, la ruptura del nivel que hace posible el paso a otro modo de ser; a fin de cuentas, la libertad de “moverse”, es decir, de cambiar de situación, de abolir un sistema de condicionamientos.
Es significativo que Brancusi estuviera obsesionado toda su vida por lo que el llamaba “esencia del vuelo”. Pero es extraordinario que lograra expresar el impulso ascensional utilizando el arquetipo mismo de la gravedad, la materia por excelencia: la piedra. Casi podría decirse que realizó una transmutación de la “materia”, o con mayor precisión, que ejecutó una coincidentia oppositorum, pues en el mismo objeto coinciden “materia” y “vuelo”, la gravedad y su negación. (*)

(*) Fuente: Mircea Eliade, “Brancusi y la mitología”, en El vuelo mágico, Madrid, ediciones Siruela, pp. 159-167.