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martes, 9 de octubre de 2012

Al tero



Es un apuesto galán
interpretando elegías.
Ceño adusto del Mejías
y arrogancia de Don Juan;
la bravura de D'Artagnan
la lleva en sus espolones:
no caben claudicaciones
que aminore su prestancia
y luce con su elegancia
la altivez de los varones.

jueves, 18 de agosto de 2011

El tero




Además del nombre más común de esta zancuda, tero, Lisandro Segovia cita en su “Diccionario de argentinismos” los siguientes: En guaraní, teteu, terotero y teruteru; en el Brasil teu teu y quero quero; en Chile queltregüe o quiltrehue, que es voz arancana, seguramente, y en el Perú, güerequeque. Es de nuestras aves más populares, incluida destacadamente en la literatura y el folklore. Nombre técnico (Belonopterus chilensis lampronotus).

Picazo-overo, alertero,
el tero de buena pinta,
alto, erguido y adornado
con airón de pluma fina.
Junta en sus modalidades
la audacia con la malicia
y quiere arreglarlo todo
con su grito y su política.
Arrimado a las aguadas,
en tierra baja se afinca,
donde con su buen discurso
halla lo que necesita.
Ni árbol, ni cueva, ni hueco
ni matorral lo cobijan;
quiere el horizonte abierto
y al raso para la vida.
Pone tres huevos overos
en el hoyo donde anida
y a veces unas virutas
de resaca al nido arrima.
Para ocultar la nidada
muchas mañas utiliza,
agachadas y amenazas
y graciosas picardías.
Saluda atento a los perros
aunque no le simpatizan
y pronto lleva sobre ellos
acrobacias agresivas,
o al carancho pone en fuga
con ágil acometida.
El rojo espolón del ala
es un arma siempre lista.
Siempre al tope de la noche
su bulliciosa vigilancia.
Tero, qué tero alertero
que por cualquier cosa grita.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El tero

¡Tero-tero, tero-tero!...
Y fingen, rojas y alternas,
sus aceleradas piernas
los canutos del flautero.

¡Tero-tero!... Y así embauca
con su propio grito iluso,
lejos del huevo confuso
de pinta pecosa y glauca.

Todo el campo se alborota
y con premioso desvelo,
en un concéntrico vuelo
ya el grito en el aire flota.

En su ala picaza oscila
el sol que al trasluz la esmalta,
y parece que en voz alta
se alegra la luz tranquila.

Desde el rancho, hacia el camino
mira alguien desde la puerta,
porque nunca desacierta
su anuncio de buen vecino;

que así, de noche o de día,
siempre cerca de la casa,
al ruido de lo que pasa
suelta su grito a pofría.

Grito familiar que el viento
lleva por llanos y charcas,
aunque, según las comarcas,
tiene distinto el acento.

Grito que al compás del ala
va en perentorios rechazos,
cual si espantara a cañazos
a la gente intrusa y mala.

Así, de intrépido modo
avizoran hembra y macho,
erguido el negro penacho,
pronto el espolín del codo.

La gola que se le crispa,
fugaz tornasol dilata,
y el espolín escarlata
adquiere un brillo de chispa.

O bien, con sagaz remusgo,
al soslayo se agazapa,
bajo su evasiva capa
de adecuado color musgo.

Y así vigila expedito,
con firmeza valerosa,
siempre claro el ojo rosa,
pronto siempre el claro grito.

¡Tero-tero! con la aurora
que ruboriza ese alarde.
¡Tero-tero! con la tarde
que nubes y campos dora.

¡Tero-tero! en el estero
que va la sombra aplomando.
Y en el plenilunio blando,
¡Tero-tero, tero-tero!...

sábado, 19 de junio de 2010

miércoles, 21 de octubre de 2009

El teru-tero


El traje color picazo,
la pata, el puon y el ojo,
todos tres, del mismo rojo,
y en la cara negro trazo.

Vive a lo indio en el estero,
lleva a lo gaucho la vincha,
con una plumita pincha
y se sujeta el sombrero.

Como si un poncho invisible
del hombro se le cayera
y levantarlo quisiera
hace un esguince risible.

Una cuerpeada que pega
como atajándose de
un golpe que él sólo ve,
pero que nunca le llega.

Se alimenta con "bichitos",
anida siempre en el suelo,
y el blando ritmo del vuelo
lo acompasa con sus gritos.

Mas el grito que acompasa
se agudiza enloquecido
si un intruso, junto al nido
donde está incubando, pasa.

Grita, y planeando seguro,
grandes círculos describe
mientras, alternos, exhibe
pecho blanco y lomo oscuro.

Y exagera la algarada
lejos del sitio en que puso;
que así despista al intruso
y defiende la nidada.

En invernal mañanita
de escarcha o viento pampero,
en su Teru, teru, tero...
el campo entero tirita.

Guardián seguro y gratuito
que día y noche vigila,
cuanto ocurre lo ventila
de inmediato con su grito.

Y es más él, si se desvive
su propio nombre anunciando,
y parece que no vive
si no se mata gritando...